Cómo trabajamos: el proceso detrás de cada reportaje de fotografía corporativa

Contratar a un fotógrafo corporativo y recibir las imágenes parece sencillo desde fuera. Se hace la sesión, se editan las fotos, se entregan.  

Pero entre esos tres pasos hay un proceso que marca completamente la diferencia entre un resultado que tu equipo de comunicación puede usar desde el primer momento y uno que genera más preguntas que soluciones. 

Llevamos más de diez años trabajando con empresas y marcas en Madrid, y en ese tiempo hemos aprendido que lo que ocurre antes y después de disparar la cámara importa tanto como lo que ocurre durante la sesión.  

En este artículo te lo contamos desde dentro, porque creemos que entender cómo trabajamos es la mejor forma de saber si somos el equipo que necesitas. 

Todo empieza antes de la sesión 

Antes de cualquier proyecto, nos sentamos a escuchar. No para rellenar un formulario, sino para entender qué necesitas realmente. 

  • ¿Qué imágenes son imprescindibles?  
  • ¿Quién aparece en ellas?  
  • ¿El material va a LinkedIn, a una nota de prensa, a la web corporativa?  
  • ¿Hay un momento concreto en el evento que no puede faltar bajo ningún concepto?  

Con esas respuestas construimos una shot list, que es simplemente una lista de las tomas que hay que conseguir sí o sí. 

Puede sonar burocrático, pero no lo es. Una shot list no es una camisa de fuerza. Es la diferencia entre llegar a una sesión con un plan claro o improvisar mientras el CEO sube al escenario.  

Para el cliente es una garantía de que nada importante se va a quedar sin fotografiar. Para nosotros es la herramienta que nos permite trabajar con autonomía sin necesitar que alguien nos dirija durante el evento. 

Este briefing previo es parte del servicio. No tiene coste adicional y es uno de los pasos que más influye en el resultado final.

Durante la sesión: estar sin molestar 

Una de las preguntas que más nos hacen antes de contratar un fotógrafo corporativo es si vamos a ser intrusivos. Si el fotógrafo va a interrumpir las conversaciones, pedir que la gente pose constantemente o llamar la atención en momentos que no toca. 

La respuesta es no, y no es casualidad. Es una forma de trabajar que se aprende con el tiempo y que requiere conocer bien los tiempos de un evento o una sesión corporativa. 

Llegamos antes de que empiece todo. Vemos el espacio, identificamos dónde va a ocurrir cada momento importante y decidimos cómo movernos para estar donde hay que estar sin que nadie lo note.  

Durante la sesión las imágenes se guardan simultáneamente en dos soportes distintos, lo que significa que si un equipo falla en mitad del evento, no se pierde una sola foto. Es algo que el cliente nunca ve, pero que forma parte del compromiso con el trabajo. 

La edición que no se ve 

De una jornada de fotografía corporativa pueden salir varios cientos de imágenes capturadas. Lo que llega al cliente es una selección editada con criterio. 

Eso significa descartar las que no tienen la luz adecuada, las que tienen ojos cerrados, las que técnicamente son correctas pero no cuentan nada.  

Y editar las que sí pasan ese filtro con coherencia de color, contraste y luz para que todas formen un conjunto visual sólido, no una colección de fotos sueltas. 

Entregar 800 fotos de un evento no es un servicio mejor que entregar 250. Es más trabajo para tu equipo de comunicación y más ruido visual a la hora de elegir qué publicar. Nuestra selección es parte del valor que aportamos, no una forma de entregar menos. 

Las imágenes llegan en dos formatos: alta resolución para impresión y prensa, y versión optimizada para web y redes sociales. Sin conversiones adicionales por tu parte, sin tener que pedirle a alguien del equipo que reduzca el tamaño de los archivos antes de subirlos. 

La entrega: organizada para que puedas usarla desde el primer momento 

Hay algo que parece un detalle pero que marca una diferencia enorme en el día a día: cómo llegan organizadas las imágenes. 

No una carpeta con trescientos archivos numerados sin orden. Las fotografías están separadas por momentos del evento, por localización o por persona en el caso de retratos corporativos, con nombres de archivo que tienen sentido para alguien que no estuvo en la sesión. 

Sabemos que quien va a usar esas imágenes no es el fotógrafo, sino el responsable de comunicación con una presentación que enviar el lunes o una publicación que programar para el día siguiente. Por eso entregamos pensando en esa persona, no solo en el resultado fotográfico. 

La galería llega a través de un enlace privado desde donde el equipo puede previsualizar, seleccionar y descargar en la resolución que necesite en cada momento. 

Un ejemplo real: sesión de retratos corporativos para un equipo 

Para que todo lo anterior no se quede en abstracto, te contamos cómo funciona una sesión de retratos corporativos de equipo, que es uno de los encargos más habituales que recibimos. 

Llegamos entre 30 y 45 minutos antes para montar el equipo y hacer pruebas de luz en el espacio.  

Cuando llega la primera persona ya está todo listo y no hay tiempo muerto. Cada retrato lleva entre 8 y 12 minutos, dependiendo del número de tomas acordadas y si la persona necesita un momento para relajarse frente a la cámara, que es más habitual de lo que parece. 

Mientras se desarrolla la sesión, el equipo que espera puede seguir con su trabajo sin necesidad de estar pendiente.  

Les avisamos cuando es su turno. No hace falta que nadie coordine la cola ni que haya un responsable de RRHH gestionando los tiempos. 

El resultado final llega con las imágenes de cada persona en su propia subcarpeta, nombrada con su nombre, lista para que el equipo de comunicación la suba a LinkedIn o a la web directamente.

Lo que puedes hacer tú para que el resultado sea mejor 

El trabajo de un buen fotógrafo corporativo es no necesitar que el cliente le dirija durante la sesión. Pero hay tres cosas que, si las tienes claras de antemano, mejoran el resultado de forma notable. 

La primera es tener un listado de las personas o los momentos que son imprescindibles. No hace falta que sea exhaustivo, con los cinco o seis elementos clave es suficiente. 

La segunda es contarnos con antelación cómo es el espacio. Una foto de referencia del lugar o una descripción básica nos permite llegar con el equipo adecuado y sin sorpresas. 

La tercera es saber desde el principio para qué canales van a usar las imágenes. No es lo mismo preparar material para una nota de prensa que para las stories de Instagram. Cuanto más sabemos de tu empresa antes de llegar, más tuyas se sienten las fotos cuando las recibes. 

El proceso es parte del servicio 

Hay muchos fotógrafos corporativos en Madrid. La diferencia entre uno y otro no siempre está en la cámara o en el estilo, sino en cómo gestiona todo lo que rodea a la sesión: la preparación, la comunicación, la edición y la entrega. 

Si tienes una sesión de equipo, un evento corporativo o un proyecto de fotografía de marca en mente, cuéntanoslo. Nos gusta conocer los proyectos antes de hablar de números. 

Hablemos de tu proyecto → 

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